El origen del violín

Si te gusta el violín y quieres aprender a tocar este instrumento, debes conocer su origen. Es un instrumento de cuatro cuerdas afinadas por intervalos de quinta, que se toca con un arco.

Se construye con madera tallada y está conformado por una caja de resonancia en forma de ocho (estrecha en el centro) y un mástil que no tiene trastes.

El violín surgió a principios del siglo XVI al norte de Italia como una evolución de instrumentos como el ravanastron, originario de la India, la kithara griega, el rabab árabe y el rebec español.

Sin embargo, la vieille de Francia y la viola da braccio de Italia, son los instrumentos que se desarrollaron para dar forma al violín.

El italiano Andrea Amati inventó este instrumento en el año 1555. La historia de este instrumento está influenciada entre el Medio Oriente, Asia y Europa.

Antes del violín ya existían algunos instrumentos de cuerda como el ravanastron. Poco a poco el instrumento fue evolucionando y sufrió pequeñas modificaciones en cuanto a su armazón, caja de resonancia y en la forma en que se tocaba.

A partir del siglo XVI, con ayuda de Antonio de Amati y Gasparo Bertolotti da Saló, nació el arte de la fabricación del violín. Para mediados del siglo XVII cobró auge Antonio Stradivari.

En esa época empezaron a conocerse en Italia violinistas como Vivaldi, Monteverdi o Pietro Locatelli. En el siglo XIX se empezaron a fabricar este tipo de instrumentos en masa y en el siglo XX comenzaron a fabricarse violines de fibra de carbono y posteriormente nació el violín eléctrico.

Queríamos conocer algún dato curioso sobre el violín, así que desde método All Mozart nos explicaron que a pesar de su pequeño tamaño, el violín está compuesto por al menos 69 piezas.

Las principales son las tapas y el fondo que conforman la caja de resonancia. Otras partes que tiene el violín son: cuerdas, aros, filetes, diapasón, mango, voluta, clavijero, puente, cejilla superior e inferior y cordal.

El violín cuenta con dos aberturas para la caja de resonancia que tienen forma de “F”. Los elementos que forman la parte interna se conocen como alma, taquillos, contraaros y barra armónica.

Las cuatro cuerdas del violín van desde el cordal, pasando por encima del puente y diapasón, hasta terminar en el clavijero.
Tradicionalmente las cuerdas se fabricaban de tripas de oveja y el arco estaba compuesto por pelos de crin de caballo entrelazados entre sí.

En la actualidad se utilizan materiales sintéticos o metálicos, y más resistentes como perlón, aluminio, acero inoxidable, plata, titanio, tungsteno, etc.

Si viajas en avión, el instrumento debe estar desafinado porque si las cuerdas están en tensión, es posible que con los cambios bruscos de presión se rompa alguna de ellas.

Para tocar el violín la parte inferior se apoya sobre el hombro o clavícula del lado izquierdo. La mano izquierda queda libre para acceder a las cuerdas y presionarlas contra el diapasón, mientras que la mano derecha se usa para manipular con destreza el arco.

A continuación, te explicamos las técnicas más utilizadas:

Pizzicato: es una técnica que consiste en pellizcar con precisión, suavidad y firmeza las cuerdas.

Vibrato: esta técnica consiste en realizar un movimiento con la muñeca para deslizar el dedo desde adelante hacia atrás sobre la cuerda. Se utiliza para variar las frecuencias de las notas y mejorar el sonido.

Otras técnicas más complejas son el trino, el trémolo, la doble cuerda o el glissando. También existen ciertas técnicas ejecutadas con la mano derecha, como por ejemplo el col legno, en la que se usa la parte de madera del arco para tocar, el legato, spiccato, martelé, etc.

Saber tocar un instrumento requiere de muchas horas, así que lo mejor es aprender a tocar el violín de forma efectiva y divertida.

Es un instrumento que mejora el estado de ánimo y elimina el estrés. Además, mejora las relaciones sociales y ayuda a un mejor desarrollo de la coordinación auditiva y táctil.

«Y es que cuando alguien toca un instrumento no solo está escuchando música, sino que además pone en acción su mente y su cuerpo, de manera que esta práctica se convierte en un entrenamiento en múltiples sentidos. En particular, a nivel cerebral. Como ha ilustrado la educadora neuromusical Anita Collins en un vídeo de TED, “cada vez que un músico toca un instrumento se desatan fuegos artificiales en su cerebro»», informa el periódico digital Okdiario.

La música puede mejorar el estado de ánimo y nos conecta con las emociones. Incluso, puede potenciar la secreción de endorfinas o reducir los niveles de cortisol en la sangre.

Si quieres aprender a tocar el violín apúntate a clases particulares con profesores que tengan experiencia.

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