Sabemos que existe la intolerancia a la lactosa, a los frutos secos e, incluso, al gluten. Eso no es algo nuevo para nosotros, porque las escuchamos todos los días. Es más, te aseguro que conoces al menos a una persona que sea intolerante a la lactosa.
Pero hay intolerancias menos comunes que pasan desapercibidas y que, un día, pueden darte un buen susto.
¿Qué es la intolerancia alimentaria y por qué sucede?
Una intolerancia alimentaria significa que tu cuerpo no puede digerir bien cierto alimento o un componente de este. No es que tu cuerpo ataque al alimento como pasa con una alergia, es que simplemente no puede procesarlo. Por ejemplo, con la lactosa, a muchas personas les falta la enzima que se llama lactasa, y sin esa enzima, el cuerpo no puede digerir la lactosa y se producen gases, dolor de estómago y a veces diarrea.
Cada alimento puede causar intolerancia por diferentes razones. A veces es por enzimas que faltan, otras veces es porque tu intestino es sensible a ciertos químicos naturales de los alimentos, como los salicilatos que están en frutas y verduras. Incluso hay personas que tienen problemas con ciertos aditivos, como los sulfitos en frutas secas y vino.
La Farmacia Ramón Ventura, que ofrece test de intolerancia alimentaria, opina que identificar estos problemas a tiempo puede mejorar mucho tu bienestar y evitar molestias que normalmente no relacionamos con la comida.
Por eso, lo mejor es que, si un alimento te cae mal, no sigas comiéndolo, porque tu cuerpo está tratando de decir algo.
¿Cuántas personas hay en el mundo que son intolerantes a algún alimento?
Según estudios recientes, se estima que aproximadamente entre el 20% y 30% de la población mundial tiene algún tipo de intolerancia alimentaria. Eso es un montón de gente, y probablemente conoces a varios sin darte cuenta. La intolerancia más común es la lactosa, que afecta a un porcentaje enorme de la población mundial, especialmente en Asia y África. En Europa y América del Norte también hay casos, pero en menor cantidad.
El gluten también es famoso, pero la intolerancia al gluten o enfermedad celíaca afecta a alrededor del 1% de la población mundial. Lo interesante es que hay un grupo más grande de personas que no tienen celiaquía pero sí sensibilidad al gluten, lo que puede causar malestar intestinal, cansancio o dolor de cabeza.
Para otras intolerancias menos conocidas, como al tomate, al huevo o al maíz, no hay cifras exactas porque muchas veces se confunden con alergias o no se diagnostican. Lo que sí sabemos es que estas intolerancias, aunque menos frecuentes, existen y afectan la vida de quienes las padecen. Y, aunque las cifras parecen bajas, el impacto es grande en sus vidas.
Mucha gente piensa que solo los niños o los adultos mayores tienen problemas digestivos, pero la gente joven también puede descubrir que ciertos alimentos les hacen mal. Por eso, prestar atención a los síntomas y conocer tu cuerpo es más importante de lo que parece.
Intolerancia alimentaria al tomate
No creía que el tomate pudiera ser un problema, pero hay personas que no lo toleran nada bien.
Cuando alguien con esta intolerancia come tomate, puede experimentar dolor de estómago, diarrea o incluso erupciones en la piel. Es algo que pasa porque el sistema digestivo no puede procesar bien ciertos componentes del tomate, como los ácidos o proteínas específicas.
Lo malo de esto es que el tomate está en un montón de alimentos: salsa, ketchup, pizzas, ensaladas, salsas para pasta. Así que alguien con intolerancia al tomate tiene que estar siempre leyendo etiquetas y preguntando qué lleva la comida. Y ni te cuento cuando comes fuera de casa, que ahí ya es todo un reto.
Algunas personas pueden tolerar un poquito de tomate cocido, pero crudo es un desastre. Y sí, eso significa que la pizza de tomate puede ser tu enemigo número uno. Por eso, descubrir esta intolerancia puede cambiar tu dieta completamente. Y lo bueno es que, una vez que sabes qué te hace mal, puedes encontrar alternativas y seguir disfrutando la comida sin pasarlo mal.
Es interesante también notar que esta intolerancia no siempre aparece de pequeño. Algunas personas la desarrollan en la adolescencia o incluso en la edad adulta. Así que no hay que pensar que si nunca te hizo mal, nunca lo hará. El cuerpo cambia, y la digestión también.
Intolerancia alimentaria al huevo
Los huevos parecen inofensivos, ¿verdad? Pero hay personas que no los toleran. Lo que pasa aquí es que el sistema digestivo reacciona a ciertas proteínas del huevo, y eso puede causar hinchazón, gases, dolor de estómago o diarrea. A veces los síntomas son leves, otras veces son tan fuertes que evitan comer huevos completamente.
Lo más complicado es que el huevo está en casi todo: pan, pasteles, mayonesa, ciertos snacks. Así que alguien con esta intolerancia tiene que ser bastante cuidadoso con lo que come. Y no siempre es fácil porque muchos alimentos preparados no especifican si llevan huevo o no.
Curiosamente, algunas personas solo reaccionan a la clara y otras solo a la yema. Eso depende de la proteína a la que tu cuerpo no puede reaccionar bien. Así que no siempre es blanco o negro, y hay que ir probando para entender qué se puede comer y qué no.
Además, esta intolerancia puede aparecer en cualquier momento de la vida. Yo siempre me sorprendo de cómo el cuerpo cambia y cómo algo que antes comías sin problema de repente te hace daño. Por eso prestar atención a tu digestión es clave.
Intolerancia alimentaria a la avena
La avena es otro alimento que, para algunas personas, puede causar problemas. Esta intolerancia suele estar relacionada con la avenina, una proteína similar al gluten que algunas personas no toleran bien. Lo que pasa es que el sistema digestivo reacciona y aparecen síntomas como dolor abdominal, hinchazón, gases o incluso diarrea.
Lo complicado con la avena es que se usa mucho en desayunos, granolas, galletas y barras energéticas. Por eso, alguien con esta intolerancia tiene que leer etiquetas muy bien y asegurarse de que lo que consume sea seguro. Incluso algunas avenas están contaminadas con gluten durante el procesamiento, lo que puede empeorar la situación.
Algunas personas pueden tolerar pequeñas cantidades, pero otras no, depende de la sensibilidad del sistema digestivo. Y aunque no sea tan común como la intolerancia a la lactosa, puede ser igual de molesta. Descubrir que no puedes comer algo tan básico como la avena es un choque para cualquiera.
Es curioso también que, al igual que otras intolerancias, puede aparecer a cualquier edad. No es algo que necesariamente se tenga desde niño. Así que si notas que ciertos alimentos te hacen sentir mal, incluso si los comías sin problema antes, vale la pena prestar atención.
Intolerancia alimentaria a los cítricos
Los cítricos, como las naranjas, los limones o las mandarinas, son deliciosos y refrescantes, pero para algunas personas son un problema. La intolerancia a los cítricos puede causar reacciones digestivas como dolor de estómago, acidez o diarrea. También hay personas que notan erupciones en la piel o picazón después de comerlos.
Lo difícil de esta intolerancia es que los cítricos están en un montón de alimentos: jugos, postres, salsas y productos procesados. Por eso, alguien con esta intolerancia tiene que ser muy consciente de lo que consume. Además, algunas personas solo reaccionan a ciertos cítricos, mientras que otros toleran unos sí y otros no.
Esta intolerancia puede estar relacionada con la sensibilidad a los ácidos que tienen estas frutas. No es que el cuerpo ataque a la fruta, es que no puede procesar bien esos ácidos y se generan los síntomas.
La buena noticia es que, una vez que sabes qué cítricos te hacen daño, puedes ajustar tu dieta y buscar alternativas. Por ejemplo, algunas frutas menos ácidas pueden reemplazar los cítricos sin problema. Y aunque parezca restrictivo, se puede llevar una dieta variada y nutritiva.
Intolerancia alimentaria al maíz
El maíz está en muchísimos alimentos: tortillas, cereales, palomitas, incluso en productos procesados como jarabes y aceites. Para alguien con intolerancia al maíz, esto puede ser un verdadero reto. El cuerpo reacciona a ciertas proteínas del maíz y aparecen síntomas digestivos como gases, hinchazón, dolor de estómago o diarrea. A veces incluso se nota cansancio o malestar general después de comer alimentos que lo contienen.
Esta intolerancia no es tan conocida, así que muchas personas tardan en identificarla. A veces solo notas que te sientes mal después de comer ciertos productos y no entiendes la causa. Además, el maíz aparece en muchos productos que parecen inocentes, como snacks, sopas, panes o alimentos preparados. Por eso, alguien con esta intolerancia tiene que leer etiquetas constantemente y preguntar qué lleva la comida.
Algunas personas pueden tolerar maíz procesado o en pequeñas cantidades, mientras que otras no pueden consumir nada. Por eso, hay que planificar la dieta muy bien. Hay alternativas, como usar arroz, quinoa, patatas o legumbres, que puedes usar en lugar del maíz. Lo bueno es que, una vez que sabes qué te hace daño, se puede organizar la alimentación de forma segura.
Descubrir esta intolerancia puede ser frustrante al principio, pero aprender a adaptarte te hace sentir mucho mejor y evita sorpresas desagradables después de comer.
Intolerancia alimentaria a la cebolla y al ajo
La cebolla y el ajo son básicos en muchísimas recetas, pero hay personas que no los toleran bien. Esta intolerancia suele estar relacionada con ciertos carbohidratos llamados FODMAP, que el cuerpo de algunos no puede digerir bien. Lo que pasa es que estos carbohidratos fermentan en el intestino y producen gases, dolor, hinchazón y, a veces, diarrea.
Lo complicado es que la cebolla y el ajo están en casi todo: sopas, salsas, aderezos, comidas preparadas, incluso condimentos escondidos. Por eso, alguien con esta intolerancia tiene que ser muy cuidadoso. A veces basta un poquito para sentirse mal. Algunas personas solo reaccionan a cebolla cruda, pero toleran la cocida, o toleran ajo en polvo, pero no fresco. Es cuestión de ir probando y observar cómo reacciona tu cuerpo.
Esta intolerancia puede aparecer en cualquier momento, aunque antes comieras cebolla y ajo sin problema. Descubrirlo puede ser una sorpresa, pero también ayuda a mejorar tu digestión y bienestar cuando evitas los alimentos que te afectan. Además, hay muchas alternativas para dar sabor a las comidas sin usar cebolla o ajo, como hierbas, especias y aceites aromatizados.
Intolerancia alimentaria a la soja
La soja está en muchísimos productos: tofu, leche de soja, salsas, snacks, incluso alimentos procesados que parecen no contenerla. Para alguien con intolerancia a la soja, esto puede ser un problema grande. El cuerpo reacciona a ciertas proteínas de la soja y aparecen síntomas digestivos como hinchazón, gases, dolor de estómago o diarrea. A veces también se nota cansancio o malestar general después de comer productos que la contienen.
Lo más complicado es que la soja aparece en lugares inesperados, como productos vegetarianos o veganos, que parecen saludables, pero pueden causar molestias. Por eso, leer etiquetas y preguntar por los ingredientes se vuelve esencial. Algunas personas solo reaccionan a ciertos productos de soja, mientras que otras no pueden consumir nada.
Aunque parezca limitante, hay muchas alternativas: leche de avena, arroz o almendra, y proteínas vegetales distintas de la soja. Descubrir la intolerancia puede ser un poco frustrante al principio, pero una vez que sabes qué alimentos evitar, la vida se vuelve mucho más cómoda.
También es importante recordar que esta intolerancia puede aparecer a cualquier edad, incluso si antes habías consumido soja sin problemas.
Intolerancia alimentaria a los frutos de cáscara menos conocidos
Todos conocemos la alergia a los frutos secos más comunes, como nueces, almendras o cacahuates. Pero hay personas que son intolerantes a otros frutos de cáscara menos conocidos, como pistachos, piñones o avellanas. La intolerancia no siempre provoca reacciones graves como una alergia, pero puede generar dolor abdominal, hinchazón, gases o diarrea tras comerlos.
Lo complicado es que estos frutos se encuentran en muchos productos: chocolates, panes, galletas, postres o snacks. Incluso pequeñas cantidades pueden causar malestar en personas sensibles. Algunas personas solo reaccionan a un tipo de fruto de cáscara, mientras que otras no pueden consumir ninguno, lo que hace que identificar la intolerancia sea un poco más difícil.
Descubrirla puede ser frustrante, pero leer etiquetas y preguntar siempre por los ingredientes ayuda mucho. Una vez que sabes qué frutos te afectan, puedes buscar alternativas, como semillas o mantequillas de semillas que no te generen molestias.
¿Cómo saber si soy intolerante a ciertos alimentos?
Primero, observa cómo te sientes después de comer ciertos alimentos: dolor de estómago, gases, hinchazón, diarrea, cansancio o malestar general son señales importantes. Llevar un diario de alimentos ayuda mucho. Anota todo lo que comes y cómo te sientes después durante varias semanas. Al final, puede que veas un patrón que indique qué alimentos te hacen daño.
Otra manera es hacer pruebas de eliminación: quita un alimento sospechoso de tu dieta durante unas semanas y luego reintrodúcelo para ver si aparecen los síntomas. Esto ayuda a confirmar si eres intolerante. Para intolerancias comunes, como la lactosa, también hay pruebas médicas, como análisis de sangre o pruebas de aliento. Pero muchas intolerancias menos conocidas no tienen test sencillo, así que la observación personal es clave.
No ignores los síntomas. Si algo te hace sentir mal a menudo, es mejor eliminarlo o reducirlo hasta estar seguro. Una vez que identificas los alimentos que te afectan, puedes planear tu dieta y sentirte mucho mejor.
Escuchar a tu cuerpo y ser consciente de lo que comes es la mejor forma de manejar intolerancias de manera efectiva.
No ignores más lo que te pasa y, si es necesario, hazte un test de intolerancias y alergias
Si notas molestias frecuentes como dolor de estómago, gases, hinchazón, diarrea o cansancio, es importante que vayas al médico. Muchas intolerancias pueden parecer no tener ninguna importancia, pero si se descuidan, pueden derivar en problemas más graves, incluso alergias o complicaciones digestivas.
Hacerse un test de intolerancias te ayuda a saber qué puedes comer y qué no sin hacerte daño.