El incienso está profundamente arraigado en nuestra cultura.

Incesiario

Tendemos a asociar el incienso con la cultura oriental. Con China, la India y el budismo. Pero lo cierto es que se trata de un producto milenario asentado en una gran variedad de culturas repartidas por todo el mundo, incluida, cómo no, la cultura judeo-cristiana occidental, a la que nosotros pertenecemos. Te invito a hacer juntos un recorrido histórico y antropológico por la presencia del incienso en las culturas del mundo.

Muchos de nosotros tenemos un quemador de incienso en casa. Es una base o pequeña bandeja rectangular de madera, con un orificio en el extremo, en el que introducimos la punta de una varilla de incienso y dejamos que se consuma, mientras la ceniza cae poco a poco sobre la superficie plana depositada sobre la mesa. Este elemento perfuma la estancia y contribuye a crear un ambiente íntimo con un atractivo toque exótico.

Los que venimos del sur, sabemos que la Semana Santa huele a incienso. En las procesiones, delante de cada paso, un cofrade de la hermandad sacude un incensario que anuncia la llegada de la imagen sagrada, portada a hombros de los costaleros. La Semana Santa es una explosión para los sentidos: las luces de las velas, las túnicas coloridas de los nazarenos, el repicar de los tambores y, por supuesto, el olor a incienso.

Desde luego, el incienso tiene muchos más usos. Algunos los iremos desgranando en este artículo, pero buena parte de ellos tienen un profundo sentido espiritual. Un sentido que se pierde en los albores del tiempo. Tal vez cuando el hombre descubrió el fuego. Ese elemento mágico que ya no solo le daba luz cuando le rodeaba la oscuridad, le calentaba cuando le atrapaba el frío, le ayudaba a cocinar y conservar los alimentos, le asistía en la fabricación de herramientas, pero también, le embriagaba con sus olores.

El origen del incienso.      

La primera constancia expresa que se tiene del uso de incienso aparece en un jeroglífico grabado en las paredes de la tumba de la reina egipcia Hatsethsup. El mausoleo se encuentra en el Valle de los Reyes y está datado en el siglo XV antes de Cristo. Hace más de 3.500 años.

En otra tumba icónica, la del faraón Tutankhamon, se encontraron en su día recipientes con resinas, esencias y aceites que conservaban su olor 3.300 años después del enterramiento.

Se sabe que para los egipcios, el incienso era el olor de los dioses. Y que los sacerdotes quemaban incienso 3 veces al día. Una al amanecer, otra al mediodía y otra al anochecer, como parte integrante de sendos rituales religiosos.

En el Antiguo Egipcio se utilizaba un incienso que llamaban Kiphi y que estaba formado por la mezcla de hasta 16 ingredientes molidos en polvo. Entre los que encontramos canela, menta, melisa, enebro, alheña, mirra, ciprés, olíbano, salvia, romero, azafrán, cardamomo y musgo. La base del incienso era una resina que se mandaba buscar al reino de Punt, el actual Yemen, y que se compraba a los mercaderes.

Tanto los griegos como los romanos adoptan el incienso de la cultura egipcia y lo utilizan en fiestas paganas, celebraciones como las Olimpiadas y en rituales religiosos de ofrenda a los dioses. Llegó a ser tan habitual el uso de incienso en la antigüedad que hasta aparece recogido en el nuevo testamento. En el pasaje en el que los Reyes Magos de Oriente rinden tributo al recién nacido. niño Jesús, obsequiándole tres cofres: uno con oro, otro con incienso y el tercero con mirra.

Si bien durante el imperio romano el incienso ya es un producto en cierto modo cotidiano, se presume que su uso es mucho más antiguo y que podría remontarse a la prehistoria.

Cómo se elabora.  

El incienso es una resina aromática que se obtiene del tronco del árbol Boswelia Sacra, también conocido como olíbano o francoincienso. Un árbol originario de África, India y la península arábiga.

Se recogía haciendo incisiones en la corteza del tronco y dejando secar la masa pastosa al sol hasta que se podía triturar o moldear. Para modificar el olor del incienso, la pasta se podía mezclar con especias, extractos vegetales y maderas aromáticas, diseñando olores a los que se les adjudicaba un valor o una función determinada.

Cuenta la web de la BBC que el incienso llegó a ser considerado el remedio para todo. En función del aroma y composición se le atribuían propiedades sanadoras, relajantes o místicas.

El médico militar griego Discórides decía que el incienso era capaz de llenar el vacío de las úlceras y pegar las heridas sangrientas.

En Omán, Oriente Medio, las mujeres embarazadas mascaban incienso porque pensaban que de esa manera el embrión crecía más fuerte y su hijo nacería más inteligente.

En el terreno religioso, la quema de incienso facilita la relajación mental, lo cual incita a la oración y favorece el contacto del feligrés con Dios. La nube de humo que describe la quema de incienso sube lentamente hasta el techo dibujando un camino que conecta lo divino con lo terrenal.

No hay que olvidar que el incienso es un poderoso ambientador natural, que camufla los olores y purifica los ambientes. Por lo que su uso es recomendable en aquellos templos en los que se congrega la multitud, evitando el fuerte olor a sudor y repeliendo la presencia de los insectos.

El botafumeiro.

Uno de los ejemplos más palpables de lo que estamos hablando es el botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela. Un gigantesco incensario de latón plateado que cuelga del techo del templo y que con un movimiento pendular, dispersa el humo por todo el interior de la catedral.

Señala la web oficial de la Catedral de Santiago que el incensario pudo haber sido introducido en el templo durante el siglo XIII y principios del XIV. Si bien, el primer quemador de incienso era mucho más pequeño que el botafumeiro actual.

En la baja edad media, la peregrinación a Santiago de Compostela era todo un acontecimiento en la cristiandad. El camino francés, el que cruza los Pirineos por Roncesvalles y atraviesa ciudades como Pamplona, Burgos, Logroño y Astorga era un foco de desarrollo económico.

Hasta la catedral gallega llegaban peregrinos procedentes de diferentes partes de Europa después de atravesar miles de kilómetros andando. Por lo que la higiene se convirtió en una necesidad de primer orden en el templo cristiano. Hasta el siglo XVI, los peregrinos pernoctaban en el interior de la catedral.

Hoy existen dos botafumeiros. Uno que se emplea diariamente en las misas del peregrino que se celebran durante los años Jacobeos y otro que se usa en las ceremonias más solemnes, como por ejemplo, las visitas del Papa.

Los botafumeiros actuales están inspirados en uno de plata que se fabricó en el siglo XVI y que fue robado por las tropas de Napoleón durante la guerra de la Independencia. En ese mismo siglo, el orfebre e ingeniero Juan Bautista Celma creó el sistema de suspensión actual, por medio de una estructura de hierro, que permite que el incensario alcance una velocidad de 69 Km/h y describa una trayectoria pendular de 50 metros sin riesgo a que choque con las bóvedas de la catedral.

El incienso tibetano.

Como bien nos explica la web Great Tíbet Tour el incienso en el Tíbet se utiliza con dos finalidades. Por un lado está asociado al budismo y por otro a la medicina tradicional tibetana.

El uso del incienso en el budismo tiene apenas 1.300 años. Se utiliza, en lo principal, para limpiar el ambiente de negatividad. Con la quema del incienso se facilita un estado de relajación profunda que favorece la concentración durante las largas prácticas de meditación. La quema de incienso tiene también un propósito espiritual. Se ofrece como ofrenda a los tres tesoros: Buda, Dharma y Sangha. Lo que ayuda al orador a limpiar el karma y a enfocar la mente en lo que los budistas llaman iluminación.

La aplicación medicinal del incienso es más antigua. Al igual que sucede con la medicina tradicional china, la medicina tibetana es un compendio de prácticas y conocimientos medicinales que se han ido atesorando a lo largo de miles de años y se han traspasado de generación en generación.

El incienso para los tibetanos es principalmente un purificador del aire. Un elemento que limpia el ambiente de patógenos que se transmiten por las vías respiratorias. En este sentido, es un poderoso antiviral. Quemar incienso en el interior de los hogares previene el dolor articular y humidifica la piel. La acción relajante del incienso calma la mente y alivia los trastornos asociados al sistema nervioso central.

El incienso del Tíbet es diferente a otros tipos de incienso que se utilizan con frecuencia en Occidente. Tiene un olor a tierra y a pasto y no se fabrica con la resina del olíbano, sino con ramas de ciprés molido y hierbas que crecen en las montañas. Este incienso se fabrica de manera artesanal siguiendo procedimientos tradicionales que los maestros artesanos transmiten a sus discípulos.

Los habitantes del Tíbet queman incienso cuando inauguran una casa recién construida, cuando se trasladan de domicilio y cuando velan a un difunto.

Aplicaciones varias del incienso.

Visitando webs especializadas como El palacio del Incienso, una tienda online mayorista dedicada a la distribución de productos exotéricos y espirituales, y especialmente a la venta de incienso en diferentes formatos, uno se puede dar cuenta de la amplia variedad de utilidades que tiene este producto. Muchas de ellas, muy diferentes entre sí.

Una de estas utilidades es el incienso de Semana Santa. Un incienso que se vende en grano y que se quema en las procesiones antes del paso de las imágenes. Cada cofradía tiene su propio incienso, que busca desprender un aroma característico diferente al de las otras cofradías.

El incienso también se utiliza en la liturgia católica. En toda misa se quema incienso en dos momentos claves. Al comienzo del acto religioso, para incensar el altar, y tras la consagración del cáliz, antes de repartir la forma a los feligreses.

En otro tipo de prácticas, para el ejercicio del yoga, hay quien quema incienso. De hecho se hace en las ceremonias hindúes de las que bebe directamente esta disciplina. El aroma natural que desprende el incienso favorece la concentración y relajación, que contribuye de manera positiva a que el practicante alcance su equilibrio interior.

Una aplicación curiosa de las varitas de incienso es que en China y en Japón se utilizan como medida de tiempo. En partes del extremo oriente se han empleado como una especie de cronómetro o reloj natural para medir la duración de ceremonias, reuniones o servicios.

Se sabe que una varilla de 21 centímetros tarda en arder por completo entre 30 y 45 minutos. Con este sistema, por ejemplo, las casas de geishas japonesas utilizaban las varillas de incienso para calcular sus honorarios.

Un ambientador natural.

Más allá de los usos religiosos, medicinales o ceremoniales del incienso, nadie puede negar que este producto sea un ambientador eficaz y natural. El aroma penetrante del incienso esconde cualquier olor desagradable que tengamos en la casa o en nuestro lugar de trabajo.

La amplia variedad de fragancias que encontramos en la actualidad en incienso hace que nos resulte sencillo encontrar un aroma que nos satisfaga. Al mismo tiempo que nos permite ir variando de fragancia sin demasiado esfuerzo.

Si antes solo encontrábamos incienso en varillas, hoy tenemos más formatos donde elegir, como conos, incienso en grano, barras más gruesas. Opciones con las que podemos obtener un aroma más intenso o una duración del incienso más prolongada.

Una pregunta que se suele formular la gente a la hora de utilizar incienso para aromatizar su casa es si este producto es tóxico. Como es lógico, al quemar materia orgánica en un espacio cerrado, se van a liberar partículas en suspensión y carbonilla, que pueden afectar a nuestras vías respiratorias o a nuestros ojos. Algunos estudios señalan que, si se abusa del incienso en interiores puede ser contraproducente.

De todos modos te puedo asegurar, que yo que he utilizado incienso muchas veces, ya que mi mujer, aficionada a las culturas orientales, me introdujo en su uso, si se utiliza con cabeza no tiene ningún efecto perjudicial. Al contrario, provoca una sensación bastante agradable.

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