A lo largo de nuestra vida, acudir al psicólogo puede ser necesario para mantener nuestra salud mental y aprender a lidiar con los problemas que se presentan en el día a día. Afortunadamente, esta realidad ya no está mal vista como pasaba hace unos años, en los que visitar a un profesional de la salud mental parecía ser algo de locos. La locura es pensar eso y no ver a los psicólogos y psiquiatras como lo que en realidad son: médicos y profesionales que tratan la salud más importante: la mental. Si la mente no funciona bien, mal vamos y, gracias a estos profesionales, nuestras mentes pueden funcionar mejor.
Una de las opciones de tratamiento es la terapia de grupo, donde se reúnen personas con condiciones similares para tratar sus problemas. Estas terapias se centran en la interacción que se produce en el grupo, convertido en un espacio idóneo para ventilar los problemas que cada uno de los miembros del grupo padece y encontrar la solución por uno mismo. Del mismo modo que la psicoterapia individual ayuda a las personas a que resuelvan sus conflictos, encuentren el equilibrio emocional, estimulen su crecimiento personal, potencien sus habilidades sociales y obtengan las herramientas necesarias.
El objetivo de las terapias de grupo es que el propio grupo se convierta en el instrumento que potencie el cambio deseado. Resulta tan eficaz en la mayoría de los casos porque las personas sienten que no están solas con su problema, rompiendo el aislamiento al que muchos se someten. Por otro lado, la posibilidad de compartir sus emociones y pensamientos sin miedo a la crítica produce un alto nivel de cohesión grupal que lleva a los cambios psicológicos más estables.
Este tipo de terapia puede ser de gran utilidad a la hora de tratar la mayoría de los problemas o trastornos psicológicos, tanto si se trata de un elemento terapéutico aislado como si se trata de un complemento a la terapia individual.
Cómo se desarrolla una sesión de terapia
Nos hemos pasado por Canvis Centro de Psicología, donde han consolidado un espacio de escucha y profesionalidad donde el objetivo principal de sus psicólogos es acompañar en la recuperación emocional con un compromiso social profundo, para conocer desde dentro cómo se desarrolla una sesión de terapia de grupo.
El funcionamiento de un grupo de terapia necesita contar con una estructura clara y un encuadre profesional en el que se garantice la seguridad de los pacientes. Cada sesión sigue una metodología que ha sido diseñada para maximizar los beneficios de la interacción social.
Para que el grupo sea eficaz, los participantes deben ser entre seis y doce personas. En un grupo de menor tamaño se puede carecer de la diversidad necesaria para desarrollar dinámicas ricas, y en uno mayor puede verse dificultada la participación profunda de todos los participantes. Las sesiones suelen durar entre noventa y ciento veinte minutos, un tiempo suficiente para poder profundizar en los temas sin que se llegue al agotamiento emocional.
La frecuencia de estas sesiones, dentro del contexto de la clínica habitual, suele ser de una vez a la semana. Dependiendo de la gravedad del problema o el enfoque del centro sanitario, se pueden establecer sesiones quincenales o programas de tratamiento intensivo diario en centros de día.
Dentro de las normas de funcionamiento, la regla de oro es la confidencialidad. Lo que se habla en el grupo no puede salir del grupo. Se promueve la puntualidad, la asistencia regular y la prohibición de mantener relaciones afectivas o sociales paralelas y fuera del contexto terapéutico, evitando que se formen subgrupos que pueden interferir en el proceso general.
Existen varias formas de organizar y dirigir los grupos de terapia, a razón de las necesidades clínicas de los participantes:
- Psicoeducativos, enfocados en transmitir información y herramientas sobre un trastorno concreto.
- Centrados en el proceso, que se centran en la interacción emocional y relacional entre los miembros del grupo.
- Homogéneos, compuestos por miembros que tienen el mismo diagnóstico o problema.
- Heterogéneos, en los que existe diversidad de edad y problemas para reflejar la realidad social.
- Abiertos, en los que se permite la entrada a nuevos miembros en cualquier momento del proceso.
- Un grupo que empieza y termina con los mismos participantes.
En el caso de los grupos psicoeducativos, la estructura suele ser más directiva y el profesional enseña técnicas para el manejo de síntomas como la ansiedad. En los grupos que se centran en el proceso, la estructura es menor y se permite que los temas surjan de forma espontánea a raíz de las preocupaciones de los participantes.
Para la creación de un grupo de terapia psicológica, el psicólogo analiza las características de cada persona y sus metas a nivel terapéutico, valorando si la terapia de grupo puede ser adecuada y de provecho en cada caso. En algunos casos solo se recomienda cuando la persona ha pasado por la terapia individual y se encuentra preparada para relacionarse con los miembros del grupo.
Un proceso de terapia en compañía
Ahí reside una de las diferencias esenciales entre la terapia de grupo y la individual: el acompañamiento. Todo grupo pasa por un ciclo vital que los profesionales tienen que gestionar con la mayor precisión para garantizar que el tratamiento avance. Estas terapias tienen sus fases y hay que pasar por todas y cada una de ellas.
El estadio inicial o de orientación, en el que predomina la incertidumbre. Los miembros se conocen, se exploran los límites y se establecen las metas. El terapeuta ayuda a que se definan las normas y se cree un clima de confianza.
A continuación, se pasa por un estadio de transición, una fase común en la que pueden aparecer resistencias, miedos al juicio o conflictos entre los miembros del grupo. Es un momento determinante para que el grupo tenga éxito; una gestión adecuada y la resolución de los conflictos fortalecen la cohesión del grupo.
El tercer estadio es el de trabajo, el núcleo de la terapia, donde los participantes se sienten seguros para abrirse emocionalmente, confrontar sus patrones de conducta y apoyarse entre ellos. Se produce una alta cohesión y los cambios de conducta empiezan a consolidarse.
Por último, el estadio final o de consolidación, en el que el grupo se prepara para su disolución. Se evalúan los logros a nivel individual y colectivo, se gestionan las emociones ligadas a la separación y se planifica el mantenimiento de los cambios en la vida diaria de los participantes.
La efectividad de este tipo de terapia responde a una serie de factores psicológicos que activan la presencia de otros. Uno de los más relevantes es la universalidad, que hace posible la comprensión de que otros pasan por situaciones similares y reduce el sentimiento de estigma y aislamiento. Otro de los aspectos fundamentales es el aprendizaje interpersonal. El grupo ejerce como un espejo en el que la persona ve reflejadas sus actitudes en los demás componentes del grupo. Este efecto espejo hace posible que se tome conciencia de aquellos aspectos invisibles a uno mismo. Además de ofrecer la oportunidad de practicar el altruismo, poder ser útil para otra persona aumenta la autoestima personal y el sentido de eficacia.
Es habitual considerar que una modalidad de terapia (individual o de grupo) es superior a otra. Esta idea es errónea, ya que se trata de enfoques complementarios. La terapia individual ofrece un espacio de máxima intimidad y una atención personalizada profunda, mientras que la de grupo lo que proporciona es un contexto social.
En la terapia individual, el profesional es la única fuente de retroalimentación; en el grupo se reciben varias perspectivas, algo muy valioso para las personas que tienen dificultades en sus habilidades sociales o tienen tendencia al aislamiento. La elección de un tipo u otro de terapia depende del criterio clínico del profesional de la salud, considerando que, en muchas ocasiones, la mejor estrategia es combinar ambos.
La terapia de grupo ha ganado mayor peso dentro del sistema de salud. Su implementación no responde únicamente a criterios clínicos, sino también a la necesidad de gestionar la alta demanda de atención psicológica actual. Es una herramienta fundamental para optimizar los recursos y, ante la prevalencia de trastornos como la ansiedad y la depresión en una parte significativa de la población, se ha convertido en la respuesta estándar para gestionar los trastornos leves y moderados.
Los problemas más tratados en la terapia de grupo son la ansiedad y la depresión, el duelo y la pérdida, los trastornos de la conducta alimentaria, las habilidades sociales y la autoestima.
No todas las personas están preparadas para entrar en un grupo de terapia en cualquier momento. El paso previo e indispensable es hacer una entrevista individual en la que se valore la necesidad y la predisposición. En este encuentro, el psicólogo será quien valore y evalúe si el perfil del paciente encaja con la dinámica del grupo y existe un compromiso real. Para que la terapia resulte positiva y tenga éxito, el participante tiene que cultivar cualidades como la escucha activa y la empatía, tener una estabilidad emocional suficiente para tolerar la frustración que puede surgir y comprometerse con la asistencia.