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¿Tú todavía no te has hecho un tatuaje?

El hasta hace poco turbulento negocio de los tatuajes se ha reinventado para todos los públicos, todas las pieles y todas las sensibilidades. Ya no duelen. Bueno, algunos. Pero solo un poquito...

Rafa Galán
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¿Tú todavía no te has hecho  un tatuaje?

Ha llegado un punto en la evolución del ser humano en el que lucir un tatuaje ya no tiene mérito. Tenía mérito hasta la segunda mitad del siglo pasado, cuando todavía eran ilegales y cuando el origen de la tinta era, cuanto menos, dudoso. En Nueva York, las casas de tatuajes fueron ilegales hasta el año 1997, lo que, como podrás imaginar, no paró los pies a los tatuadores furtivos que montaban sus tattoo-shops clandestinos en los peores barrios de la ciudad y abrían sus puertas a altas horas de la noche para evitar el peso de la justicia. Y, no, no hay ningún clásico del cine de los 80 que inmortalice este hecho (sí, ya sabes, de esas pelis de adolescentes con Andrew McCarthy de prota, que iría así: se escapa del colegio, se va a la gran ciudad, se cobija debajo de un montón de basura y por la noche va a hacerse un tatuaje, que luego cobra vida, resulta que es Kim Cattrall, y se enamoran perdidamente).

Tenía mérito también ser mujer y abrir en 1897 una tienda en pleno corazón del Bowery, entre la masculina Little Italy y la más masculina aún Chinatown, un centro de prostitución y violencia que le hacía sombra al barrio de Tenderloin. Básicamente si querías hacerte un tatuaje te tenías que jugar la vida, lo que hacía que solo las personas más duras los lucieran.

Y tenía mérito aguantar durante horas entre batalla y batalla en la II Guerra Mundial mientras un soldado que sabía dibujar –y que probablemente era profesor de gimnasia en su high school de Idaho– copiaba una de las voluptuosas imágenes de Vargas de Esquire o Playboy en tu espalda, sin saber luego, ni él (que se esforzaba), ni tú (que lo sufrías), si ibas a poder lucir durante mucho tiempo el tatuaje.

LAS NUEVAS CALCOMANÍAS
Porque antes, el mayor mérito de un tatuaje residía en su extensión que era directamente proporcional al dolor que habías tenido que sufrir mientras te lo hacían, soñando despierto con una despedida de soltero ideada por Meshach Taylor. Ahora, el mayor mérito es:
Que no duela ni un poquito (eres un hombretón, pero eso de sufrir sin necesidad...).
Que se pueda quitar (a las dos semanas te cansas, ¿y qué pasa con ese león distorsionado oculto entre la maleza?).
Que lo puedas recibir por correo (porque tú durante el día estás trabajando para poder pagarte todos los tatuajes que quieras). ¿Por correo? Sí, por correo. Ahora los tatuajes se envían por correo. Son calcomanías sofisticadas para adultescentes que no tienen lo que hay que tener para pasar por el sillón del tatuador (probablemente porque te recuerde al sillón del dentista, y entonces está todo justificado). En este terreno son imbatibles Tattly.com, idea de Tina Roth Eisenberg, e InkBox, idea de los hermanos Tyler y Braden Handley. El primer negocio propone calcomanías como las que venían en los ‘tigretones’ de nuestra infancia, solo que con diseños de adulto. El segundo es un ambicioso negocio que utiliza una tinta ecológica y cuyos tatuajes duran dos semanas.

A ver, que sí, que todavía hay verdaderos aficionados a los tatuajes, y para ellos hay tiendas especializadas. Por ejemplo, las hay que solo hacen tatuajes en negro y gris (el blanco de los tatuadores), como el Shamrock Social Club de Los Ángeles;
tienes hasta boutiques de tatuajes, como The Honorable Society Tattoo Parlour & Lounge, una tienda tan exclusiva y de apariencia tan clásica que no te extrañaría ver salir de ella en blanco y negro a P. G. Woodehouse o al mismísimo Wiston Churchill.

Ahora hasta tenemos tatuadores especializados en estrellas, como Keith ‘Bang Bang’ McCurdy, un chaval de 29 años por cuyo particular diván pasan cantantes como Rihanna o Katy Perry y jugadores de la NBA como LeBron James. Tiene lista
de espera y los tatuajes no bajan de los 300 dólares. Y la tecnología también tiene algo que decir. Hay, así, tatuajes sonoros que combinan diseños con ondas musicales para convertirse en códigos de barras que reproducen cualquier sonido, como los que diseña Skin Motion.

IDEAS EGO
A nosotros se nos ocurren estas dos propuestas:
• Tattoo Old For This. Tatuajes que envejezcan con el deterioro
de la piel. Ya sabes: cuando te haces el tatuaje tienes, ¿qué? ¿27?
Y luego con 65, a ver cómo cuelga esa bella pin–up...
• Cattoos. Tatuajes de mascotas, sobre todo, de gatos. Muy virales.

Categoría: Hombres EGO
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