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Cómo Bill Murray se ha convertido en mi guía espiritual

La editorial Blackie Books ha editado en España 'Cómo ser Bill Murray', de Gavin Edwards, biografía de uno de los personajes más singulares de Hollywood.

Gerard Alonso Cassadó

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Bill Murray, un tipo peculiar

Bill Murray, un tipo peculiar.

La anécdota, como todas las leyendas urbanas, se ha repetido a lo largo y ancho de Estados Unidos, en diversas formas, con detalles distintos, pero más o menos reza así. Alguien conoce a alguien que un día, esperando en un paso de peatones a que el semáforo se pusiera en verde, mientras devoraba una bolsa de patatas fritas, recibió un golpecito en el hombre, a su espalda. Al girarse descubrió al mismísimo Bill Murray que, tras robarle una patata y mientras se alejaba, le soltó una frase realmente lúcida: "Nadie va a creerte".

Para Gavin Edwards, autor de 'Cómo ser Bill Murray' (Blackie Books, Barcelona: 2016), el protagonista de películas como 'Cazafantasmas', 'Atrapado en el Tiempo' o 'Lost in Translation' lleva años protagonizando, lejos de los rodajes, una performance permanente con el único fin de "hacer despertar" a la sociedad que le acompaña en esta mundana existencia. La afirmación es sin duda exagerada, pero tras leer la recopilación de anécdotas y excentricidades que Murray ha protagonizado a lo largo de su vida, y que le han convertido en uno de los personajes más singulares de Hollywood, no es difícil que alguien, tras terminar esta entretenida biografía del actor, se vea inspirado para afrontar la vida desde otra perspectiva. Al fin y al cabo, si uno de los actores más prestigiosos del cine contemporáneo es capaz de hacer exactamante y en todo momento lo que le da la real gana, si Murray privilegia el momento presente sin importar de dónde viene y hacia dónde va y sin rendir cuentas con nadie, qué no podemos hacer los demás, de quien nadie espera nada en realidad.

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Puede que de Murray se espere ya, exactamente, lo que ofrece. Varios de los testimonios del libro reconocen que es un tipo tan encantador como insoportable, y que continuamente se comporta como un auténtico imbécil. De sobras conocido es el dato que explica que el actor no tiene representante, ni dirección de e-mail ni teléfono móvil. Si alguien desea contratarle debe llamar a un número de teléfono gratuito y dejar un mensaje. Si le viene en gana, Murray responderá o pondrá en contacto a alguno de sus abogados con su interlocutor. Si no hay suerte, no hay suerte. Porque además no se le convence con argumentos terrenales: más dinero, mejores condiciones... Murray es un tipo imprevisible, capaz de colarse en tu despedida de soltero, animar la juerga y desaparecer sin despedirse de nadie en el punto más álgido de la fiesta. Por lo que es difícil saber qué puede atrapar su atención, qué guión o personaje le van a llegar al alma.

Tampoco puede decirse que sea el hombre más profesional del mundo. Aparecerá o no en el rodaje a la hora consensuada si le apetece. Se fugará del set sin avisar y regresará cuando le plazca, probablemente con dos sacos llenos de bollos calientes para el resto del equipo. Murray es como un niño pequeño jugando a vivir, generoso en muchas cosas, tremendamente egoísta en otras. Cuentan que estuvo años sin hablarse con uno de sus mejores amigos, Harold Ramis, su director en películas como 'El club de los chalados' o 'Atrapado en el tiempo'. Alguien le convenció para que le hiciese una visita cuando su estado empeoró notablemente, y Murray lo hizo. Ambos charlaron de nada importante durante un buen rato. Y Ramis falleció al poco tiempo. Aquel año, Murray interrumpió la gala de los Oscar, un evento que ven miles de millones de espectadores en todo el mundo, para pedir un aplauso para su amigo. 

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El libro de Edwards no es ninguna hagiografía y no esquiva temas espinosos. Resulta evidente que Murray no es el mejor compañero de viaje para casi nada, y sin embargo es un Robinson único que tal vez no se aprende las líneas de diálogo de su personaje pero se pone a improvisar y eleva la película varios metros. Conocemos a través de Edwards temas delicados, como un arresto a los 19 años por tráfico de drogas, o un caso de malos tratos hacia su segunda esposa, Jennifer Butler. Pero el conjunto de excentricidades que va relatándonos el libro como si fuesen versículos de milagros de Jesucristo en el Nuevo Testamento, acaban configurando un personaje fascinante al que, si logramos entender, acabará iluminándonos en una dirección: la vida es ridícula y es absurdo tomársela en serio. Así que lo mejor es reírse de ella, atizar a la monotonía con impulsos inesperados de autenticidad que logren despertarnos del sopor.

Categoría: Cine y TV , Hombres EGO y Libros

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