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El día que tomamos Valencia en un Lamborghini Aventador S

Es uno de los automóviles más rápidos y más deseados del mundo, el Lamborghini por excelencia y definitivamente, un arma de seducción tan poderosa como para conquistar a una ciudad entera. Lo decimos desde la experiencia.

Jose Carlos Luque

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Lamborghini Aventador S

Además de probar el Aventador S en carretera y circuito, paseamos por algunas de las calles más turísticas de la ciudad.

Valencia, la ciudad de los 300 días de sol año nos recibe con el cielo totalmente encapotado y con una fina lluvia que cae tímida pero incesantemente. Suponemos que ser la tercera urbe más importante de nuestro país y uno de sus principales reclamos turísticos no te exime de tener 'tus días' y claramente la hemos cogido en uno de esos. Cuando esperas pasear por sus parques o avenidas, visitar monumentos como la Ciudad de las Artes y las Ciencias o darte un buen chapuzón en la Malvarrosa, las inclemencias del tiempo pueden llegar a fastidiarte, pero si lo que tienes por delante es un completo programa de pruebas en carretera y circuito con un 'morlaco' de 740 caballos, puedes creerme, la situación adquiere un punto bastante más dramático.

Por suerte la organización, cortesía de CuldeSac, había previsto nuestra llegada al evento un día antes y mientras hay vida, hay esperanza –pensamos–. Una cena ligera pero apetitosa, con un toque tradicional –paella nocturna incluida–, nos sirve para coger fuerzas antes de irnos a descansar al hotel balneario Las Arenas. El lugar no puede ser más confortable, pero un repaso furtivo al programa del día siguiente nos quita el sueño. A primera hora salimos hacia el circuito Ricardo Tormo de Cheste y después nos esperan los retorcidos tramos de montaña del interior de la Comunitat, donde nos cuentan que hay incluso ¡nieve!

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A las ocho en punto, bueno, todo lo 'en punto' que se puede esperar de una organización italiana operando en España, nos subimos al autobús, eso sí, perfectamente decorado para la ocasión con el emblema de Lamborghini y dotado de unos asientos de cuero que nos sirven para ir ambientándonos. El cielo sigue nublado pero nuestras oraciones han surtido efecto: no llueve. En Cheste tampoco, pero lo que no pudimos evitar los allí presentes es que el asfalto se mojara... con nuestra propia baba.

Una docena de Lamborghini perfectamente alineados se encargaron de recibirnos en el paddock. Casi nada. Hablamos de unos cinco millones de euros –casi 400.000 por coche– esparcidos sobre la pista, una cantidad de pasta que si ya de por sí es obscena pero transformada en automóviles resulta aún más abrumadora. Frente a frente con el Aventador S no sabes con qué detalle alucinar más. Los diseñadores han modificado su frontal para que que genere hasta un 130% de carga aerodinámica en curva rápida pero lo han hecho inspirándonse en la forma de una serpiente venenosa y lo mismo ha sucedido con los tres tubos de escape, agrupados ahora en posición central y con una forma muy similar a la de una nave espacial. Estos detalles, unidos al ya clásico diseño de los deportivos de Sant'Agata, todos inspirados en los aviones de combate, ponen los pelos de punta, pero no hay nada comparado con la sensación que produce escuchar su motor V12 por primera vez.

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Un botón escondido en la consola central bajo una tapa de color rojo es el que te permite descubrirlo. En aviación, este sistema se emplea para los lanza-misiles y en el Aventador S llegas a dudar de que su utilización no sea la misma porque al accionarlo, se desata un gran estruendo a tu espalda. Es él, un V12 de 6.5 litros con 740 caballos encerrados en su interior, 40 más que el modelo precedente.

Después está el análisis de los ingenieros, que te piden que prestes atención a su nueva dirección dinámica, al mejorado cambio automático ISR que se maneja desde las levas del volante o al sistema de cuatro ruedas directrices que te permite ganar unas décimas en cada curva. Pero a tú ya sólo tienes ojos para la carretera y oídos para el poderoso ronroneo del motor. Como un autómata sales a pista con un deportivo que pasa de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos, de 0 a 200 en 8,8 y de 0 a 300 en 24,2. Sí, en lo que tardas cada día en hacerte el café puedes alcanzar los 300 kilómetros/hora desde parado varias veces en este coche.

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La descarga de adrenalina en la pista es máxima pero es en carretera donde el Aventador S más nos impresiona, quizá porque es el entorno al que estamos más habituados. Sólo una sensación recorre todo tu cuerpo hasta el punto de llegar a poseerte y es la de superioridad. En todo en todo lo largo y ancho de la palabra, al mismo límite de la arrogancia, llegas a sentir que eres capaz de recorrer la mayor distancia que imagines en un suspiro, que no hay curva que no puedas trazar sin despeinarte y sobe todo, que no hay nada sobre el asfalto que pueda compararse contigo. Transformado en el Usain Bolt de la carretera, avanzas teniendo claro que nadie te va a discutir un sprint y que muy al contrario, los conductores de los otros deportivos, te pedirían encantados un autógrafo si pudieran. Así se ve la vida desde uno de los Lamborghini más rápidos de la historia, un coche de esos que despierta en los demás admiración y envidia a partes iguales, el alimento perfecto para nuestro ego.

 
Categoría: Motor

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